“No se ha contado a los trabajadores la verdad de las pensiones”

El sistema público de reparto es viable, dicen los expertos. Pero con reformas. Los trabajadores, aseguran, deben saber cuál será su pensión. Pero ningún Gobierno lo ha hecho por el coste electoral.

 

Autor

Carlos Sánchez

 

Fecha24.09.2015 – 05:00 H.

 

¿Es sostenible el actual sistema de pensiones? La pregunta no es nueva. Pero las respuestas -o mejor dicho, las decisiones- no llegan. Eso es lo que piensan los cuatro expertos convocados por El Confidencial y la Fundación AXA para hablar de la columna vertebral del Estado de bienestar. Y la impresión general es que el sistema es viable solo si se reforma periódicamente a partir de un pacto de Estado. Sobre todo, antes de que estalle una “bomba de relojería” incorporada en la última reforma, y que no es otra que el índice de revalorización de las pensiones.

 

“Tan pronto como llegue la inflación, los jubilados van a empezar a demandar subidas de pensiones por encima del 0,25% para no perder poder adquisitivo”, asegura José Ignacio Conde-Ruiz*, subdirector de Fedea.

 

Es por eso, sostiene Luis Sáez de Jáuregui, director de particulares de la aseguradora AXA, que una nueva reforma de las pensiones “está ya en marcha”. Ya hay un pacto tácito, afirma, para sacar a las pensiones de viudedad y de orfandad del sistema contributivo y pasarlas al no contributivo, es decir, financiarlas con impuestos. En su opinión, la música no suena mal. Las pensiones en curso no se tocarán y seguirán siendo financiadas con cotizaciones. Pero hay un hecho cierto, las futuras pensiones de orfandad

y viudedad serán más bajas debido a que tendrán carácter asistencial. Y se está hablando de 20.000 millones.

 

Su conclusión es nítida: “Cada vez que un político habla de reformar las pensiones, cae en un eufemismo; en lugar de reforma, quiere decir rebajas”.

 

Para Ángel Martínez-Aldama, presidente de Inverco, la patronal de los fondos de inversión, lo relevante es saber qué modelo de pensiones queremos. Y para eso, sugiere, “tienen que sentarse los partidos políticos y diseñar un modelo para los próximos 20 o 30 años”.

 

¿El objetivo? Sacar las pensiones del debate político y hacer las reformas a partir de un análisis más técnico. No es nada nuevo. España lleva haciendo reformas de pensiones desde 1985. Y es probable, sostiene, que “en el futuro tengamos una por legislatura”.

Hay acuerdo en que si la Seguridad Social quiere tener más ingresos, habrá que elevar las bases de cotización. De hecho, es lo que ya ha aprobado el Partido Popular durante esta legislatura, incrementar en un 5% las bases máximas con pensiones congeladas, lo que supone una erosión.

 

A corto plazo, la Seguridad Social todavía estará en crisis y cerrará con déficits en los próximos años. Y es por eso, aseguran los ponentes, que habrá que ir a tener en cuenta toda la vida laboral a la hora de calcular la cuantía de las pensiones. El envejecimiento de la población, como destaca Jaime Nieto-Márquez, ‘managing director’ de Towers Watson, es difícilmente manipulable. Habrá más pensionistas y en el mejor de los casos habrá los mismos activos.

 

LA LÓGICA DE LAS PENSIONES

 

Hay una lógica que siempre se cumple, como asegura Conde-Ruiz, a largo plazo los gastos deben ser iguales a los ingresos. “Y si uno proyecta el gasto en pensiones y los ingresos, sabe dos cosas. Primero, que los ingresos sin reformas nunca van a superar el 10% del PIB; mientras que los gastos, incluso con esta medio congelación de las pensiones y con el factor de sostenibilidad, se te van a ir hasta aproximadamente el 14%”. Esto quiere decir, afirma, que las presiones para que las pensiones no suban más del 0,25% van a estar ahí hasta 2040 o 2050, salvo que se produzca un ‘boom’ inmigratorio.

 

¿Cómo financiar las pensiones? Hay acuerdo en una idea. Dependerá de qué tipo de Seguridad Social quieran los políticos. O un modelo contributivo, como el actual, o un sistema más orientado hacia el asistencialismo.

 

Es verdad que se ha planteado financiar las pensiones con IVA, pero si dejan de ser contributivas (en función de lo cotizado) y son asistenciales, “uno puede pensar que ya que paga IVA tiene derecho a una pensión”, se asegura. Es por eso que hay que decidir si España va hacia un sistema asistencial, en que todo el mundo tenga derecho a una pensión de 1.000 euros, como en el Reino Unido o EEUU; pero si se pretende mantener la contributividad, “habrá que seguir haciendo reformas, incluidas las llamadas cuentas nacionales que tienen en cuenta toda la vida laboral”.

 

Nieto-Márquez insiste en la idea. Lo primero que hay que hacer es “definir qué modelo queremos, el modelo de financiación dependerá de las prestaciones que queramos dar”. Su opinión es que el sistema de reparto (los activos pagan las pensiones de los jubilados) “se puede mantener”. El debate sobre la instauración de un sistema de capitalización (modelo chileno) está superado.

 

Para el directivo de AXA, lo chocante es que se tenga que descubrir una fórmula actuarial de las pensiones ya diseñada en 1888, que era tan sencilla como que ingresos deben ser iguales a gastos.

 

“Que haya que haberlo hecho muy avanzado el siglo XXI no es nada ilusionante”, asegura. En su opinión, es legítimo que la gente se pregunte “por qué con mis impuestos se pagan las pensiones y luego no tengo derecho, ya que solo va a afectar a los necesitados”.

 

Y lo cierto es que si se sacan las pensiones de viudedad del sistema contributivo se está tambaleando la estrategia. Sáez de Jáuregui recuerda que ya en 2013 el Parlamento europeo, legítimamente, defendió que las pensiones tuvieran tres pilares: el primero de reparto, lo cual es plausible. “Los suecos”, sostiene, “que no son sospechosos de no querer un Estado social, ven que esa equidad se cumple en las cuentas nocionales. Se trata de un sistema de reparto que lleva a su máxima expresión la ecuanimidad”.

 

UNA ESTRATEGIA INCUMPLIDA

 

¿Qué ocurre ahora? Pues simplemente lo contrario. Lo que está sucediendo es que simplemente por haber nacido antes “tienes derecho a más pensión”. Hay que contar a los muy jóvenes que una persona hoy con las mismas cotizaciones cobraría más (al margen de la longevidad) que otra nacida en 1985. Estos desequilibrios, propone, se ajustan con las cuentas nocionales. El Pacto de Toledo diseñó una estrategia y no se ha cumplido pese a que todos los partidos lo apoyaron.

 

Para Martínez-Aldama, el representante de Inverco, el modelo de reparto “debe complementarse con un sistema de capitalización para llegar a un sistema mixto, como existe en otros países”. El objetivo es que “el día de mañana tengamos una pensión pública y otra privada”.

 

España, se sostiene, ha ido poniendo sordina al debate y frenando las reformas. Pero la población “tiene que estar enterada de la dimensión del problema”, y para eso el año 2011 se creó un mecanismo que debería haberse remitido a los mayores de 50 años explicando la cuantía de sus ingresos futuros de jubilación.

 

No se ha hecho pese a que la Seguridad Social se ha gastado ya algunos millones de euros. ¿Las razones? Se apunta a la calle Génova más que a una cuestión técnica. Muchos trabajadores en activo se sorprenderían negativamente si conocieran ahora su pensión futura, y eso tiene un efecto evidente sobre el voto. Hay acuerdo en que “si no informamos a la gente de la dimensión del problema”, difícilmente se pueden aceptar reformas. “Hay que decir a la gente cuál va a ser su pensión dentro de 10 o 15 años”, se asegura. Nieto- Márquez remacha la idea: “El problema es que no se ha contado a los trabajadores la verdad de las pensiones”.

 

Ignacio Conde-Ruiz destaca una paradoja: “En 2011 se aprobó una reforma de las pensiones en la que el partido que aspiraba a gobernar se opuso, y ahora el que está gobernando acepta la anterior, mientras que el partido que la había aprobado, se opone”. Esto confunde a la ciudadanía, asegura. De ahí que se proponga volver a firmar un gran pacto como el de Toledo.

 

Entre otras cosas, porque el sistema actual “es muy injusto”. Hay trabajadores que llevan cotizando toda su vida y luego, como en los últimos años de su vida laboral les ha ido mal, han recibido bajas pensiones. “El sistema”, asegura el subdirector de Fedea, “está tan mal hecho, que si me va mal al final se me penaliza más que al principio. No tiene ninguna lógica, salvo la que había en 1985, pero el mundo ya no es así”.

 

“Lo importante”, subraya Nieto-Márquez, “es que el modelo sea transparente”. El principal problema, en su opinión, es que “en vez de trabajarse en la línea de pensiones públicas más pensiones privadas, se ha trabajado en el debate de ‘o públicas o privadas’, y el resultado es que llevamos muchos años perdidos”.

 

“Lo que ha dicho la ciudadanía”, recuerda Sáez de Jáuregui, “es que quiere unas pensiones sostenibles y adecuadas. Y lo cierto es que cuando se han querido hacer políticas de ahorro, se han hecho”. Pone un ejemplo: las cuentas de ahorro vivienda para comprar un piso funcionaron. Sin embargo, no ha habido una política de ahorro a largo plazo. “El español ahorra, pero un 80% en ladrillo, y del otro 20%, un 50% en cuentas corrientes”, asegura. “Y si ves el modelo de ahorro en toda Europa somos el único país que lo hace así”.

 

*Ignacio Conde-Ruiz es autor del libro ‘¿Qué será de mi pensión?’. Editorial Península.

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